15 enero 2010

ESTA ES ... MI LUNA, MISTERIOSA, BELLA Y ALTANERA.


Mi alma esta sola,
igual que la luna,
en la lejania.
Por eso, la luna y yo,
nos hacemos compañia,
en esta noche tan fria.

(desconocido)
Dulce y triste,
como un amor sobrecogido
por largos suspiros
de lo profundo de un sauce
poco a poco
va saliendo la luna
(Yosano Akiko)
 (Vicente Gaos)
"Si fuera un álamo
una luna,
un dios luciente...
Mas solo soy
un hombre en la ladera,
un hombre solo,
apasionadamente"


"La luna,
como una flor
en el alto arco del cielo,
con deleite silencioso,
se instala y sonríe en la noche".
(William Blake)


“Mi vida era como una noche sin luna
antes de encontrarte, muy oscura,
pero al menos había estrellas,
puntos de luz y motivaciones y entonces,
 tú cruzaste mi cielo como un meteoro,
de pronto se encendió todo,
todo estuvo lleno de brillantes y belleza.
Cuando tú te fuiste,
cuando el meteoro desapareció
por el horizonte, todo se volvió negro,
no había cambiado nada, pero mis ojos
habían quedado cegados por la luz.
Ya no podía ver las estrellas y nada tenía sentido”
(desconocido)


“Aquella fue una promesa
bajo la Luna verde de la arboleda
que nunca supo mantener;
una promesa que se rompió
tan pronto como la hizo"
(Eloisa)
(Prohibida su reproducción)


La luna se había levantado
 hacía mucho tiempo,
pero él seguía durmiendo
y el pez seguía tirando del bote
y éste entraba en un túnel de nubes.

(Ernest Hemingway)


"Ombligo del firmamento;
ondina de las estelas;
hada de las lentejuelas;
inexpresable cero en el infinito;
lámpara de alcanfor sobre un catafalco;
postigo de los eclipses;
candela de las fobias;
suspiráculo de las novias;
pan ázimo de los necios ..."
(Leopoldo Lugones)

4 comentarios:

NOCTÁMBULO dijo...

Elo... también yo soy un enamorado de la Luna. Ella me inspira, me acompaña, es mi cómplice y mi confesora.
Tengo algunas cosas escritas, bajo el seudónimo Noctámbulo. Me gustaría compartir alguna contigo. Sobre todo una fábula llamada Luz de mi Vida, que es una explicación mágica de por qué existimos personas a las que la Luna enamora con tal poder.

Eloisa dijo...

Hola Noctámbulo. Dices en tu comentario que tienes algunos escritos que te gustaria compartir, pero no me has dicho donde encontrarlos. Si lees esto, dime como hacerlo. Un saludo.

Anónimo dijo...

LUZ DE MI VIDA

Eran épocas remotas... en el principio de los tiempos.
El día, con su luz natural, era la única claridad que llegaba a los ojos de todos los seres.
La noche era un manto oscuro, sin absolutamente nada que brillara en el negro profundo... ni siquiera estrellas.
Habitaba allí un monstruo salvaje, malvado.
Había hecho mucho daño, demasiado. Como pago a alguno de los males que había causado, una vez, una anciana hechicera le lanzó un maleficio que tan sólo le provocó risa. “¡Ojalá te enamores! “, le gritó desconsolada.

El se marchó tranquilo, seguro de ser invencible y de que aquella maldición era algo ridículo como para preocuparle.
Pero llegó el día en que su corazón (que ya creía no tener) comenzó a necesitar de la luz por las noches. Palpitaba como nunca. Se anudaba dentro de su pecho; le quitaba el sueño, el apetito y hasta las ganas de ser malo.
No eran simples ganas de ver la luz en la negrura de la noche, era Amor por la luz, era necesidad de verse acompañado, iluminado en las noches.
El monstruo sufría, no conciliaba el sueño. Estaba amando algo que jamás había visto. Como todo monstruo, éste tenía cualidades extrañas y sus lágrimas no eran transparentes sino que eran gotas de fuego que caían encendidas hasta tocar el piso.
Y un monstruo tan fuerte y malvado no podía permitir que, en la oscuridad de la noche, todos le vieran llorar a solas desde lejos.
Su dolor fue creciendo cada día, tanto como ese extraño amor que le acongojaba sin saber por qué. Vagaba a solas en la oscuridad, apretándose el pecho para contener esas lágrimas de fuego y dolor. Y, al llegar el día, volvía a mostrar su duro rostro como si nada le ocurriera. Ese mismo dolor le impedía hacer el mal. Comenzaba, quizás, a comprender algo de lo que habrían sentido aquellos a quienes lastimó.
Llegó una noche, ciega y oscura como todas, en que no soportó más. Con una de sus garras hizo una hendidura en su pecho para ver cuál era el motivo de tanto sentimiento.
Por la ranura que hizo brotó una luz clara, brillante. En su pecho doloroso cargaba la luz que tanto amaba. Y se cubría ese orificio para que el rayo de luz que le salía no fuera visto por nadie. No fuera a ser que alguien más se enamorara de algo tan soñado y único. Su dolor era cada vez más fuerte y la frustración de amar algo que no podía mostrar a nadie le iba matando en vida.

Anónimo dijo...

. . .
Una noche, ya casi muerto, con los ojos huecos de contener lágrimas, decidió ponerle fin a ese sufrimiento. Se abrió el pecho de par en par, se arrancó ese corazón gigante, lleno de luz, que le torturaba y lo arrojó con todas sus fuerzas hacia el cielo negro y profundo. Giró por los aires irradiando su luz divina, alumbrando la noche como nunca antes se hubiera visto. Voló y voló muy alto hasta que, de pronto, se paralizó en medio del cielo. Ya no siguió su vuelo, ni cayó más.
El incrédulo monstruo veía cómo todo su amor puesto en esa luz se había quedado como un faro protector iluminando la noche desde lo más alto. Y por el enorme hueco de su pecho abierto sus sentimientos brotaban libremente. Tal como sentía, salían al exterior sus emociones.
Y se dio cuenta de lo que había hecho. Lo mejor de su vida, aquella luz, ya no le pertenecía; le era inalcanzable. Pero su amor no había desaparecido. Todo había sido en vano y continuaba amando esa luz que bautizó Luna.
Sufría por ella y tenía el castigo de continuar viviendo aún sin su corazón.
Así pasó noche tras noche ... corriendo tras su Luna, tratando de alcanzarla, de bajarla para anidarla en su pecho nuevamente. La necesitaba tanto que ya no le importaba dejar brotar sus lágrimas mientras vagabundeaba tratando de bajar ese enorme corazón de luz desde el cielo.
Allí comprendió la maldición que le había hecho la anciana: Amar, sin alcanzar lo amado... correr sin llegar hasta ella, con los ojos cegados de llorarla y con el pecho hueco.
Por los días ponía la mejor de sus caras intentando disimular su tremendo dolor . Pero las noches le convocaban, sin remedio, a seguir corriendo tras su Luna... buscando llenar su pecho.
Cuentan que ya nadie podía sentir miedo de él. Lástima era lo que provocaba. Todos podían ver salir sus sentimientos por la herida de su pecho y, sin importar su aspecto, era imposible temerle a un ser que derramaba tanto amor y dolor.
Se fue tras su Luna ... se perdió en los tiempos.
Cuentan también que, al morir, se derramó en semillas bajo la Luna llena. Semillas que esa Luna besó con dulzura y que, aún hoy, anidan en el pecho de algunos locos que corren tras ella, Su Luna...
Sin saber si la alcanzarán algún día. Esperando robarle alguno de esos dulces besos que les dieron vida.
Sabiendo, sí, el sufrimiento que les causa . . . pero también que sin ella mueren.
NOCTÁMBULO